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Otra Perspectiva: Tributo para mi madre

Locations: Columns, Español Published

Por Crystal Mariscal

Con una chancla en una mano, en la otra mano el cucharón y en su boca una constante plegaria hacia el cielo.

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La chancla para prevenir y corregir las desobediencias, el cucharón para menear el contenido de la olla, de la cual siempre salía un olor que me hacía agua la boca, entre las especias y condimentos hasta la sopa de fideos era un manjar hecha por su mano. La oración era para pedir a El Creador por que sus hijos no se fueran por el mal camino y que el sustento no faltara nunca en su hogar. Siempre maquillada y con su cabello recogido, ropa siempre muy limpia y con su semblante serio. La primera en despertar y la última en dormirse.

De niña me gustaba llegar corriendo a casa al salir de la escuela, divisaba el humo desde el tejado de la casa y saboreaba las tortillas hechas a mano. Me apresuraba a encontrar el mejor lugar en la mesa — claro, entre más cerca de la radio mejor. Me devoraba los frijoles en el plato mientras ella preguntaba sobre la escuela. A veces me perdía contemplando su rostro, no se si eran los chapetes colorados por el fuego de la estufa, por la tremenda tarea de hacer las tortillas, o si era un brillo especial que resplandecía su rostro, y que me hacía sentirme segura y amada.

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A escondidas, me gustaba ponerme sus tacones y pintarme los labios. Imaginaba y jugaba a ser grande y ser como ella. Cada festival del 10 de Mayo, me esmeraba en presentar algo para ella frente al público. Honestamente, fueron más las vergüenzas que la pobre pasó por mi manera de entonar mis canciones y poesías. Yo creo que habrá deseado desaparecer, pero muy orgullosa me aplaudía. Crecí pensando que ella tenía poderes mágicos, o una conexión divina, ya que para todo tenía un remedio o una solución.

Sobre su memorial, ¡caray! Sabía dónde estaba todo, no importaba que fuera, ella sabía donde dejamos cada cosa. Las confesiones los sábados con el párroco de la iglesia casi siempre trataban de las mentiras que le había contado a ella en la semana. Al confesarme, sentía que ya tenía su perdón sin que ella lo supiera. Varias veces me cacho en la mentira y hubiese preferido la penitencia del párroco a la manera tan peculiar que ella tenía de corregirme. Y no, no era miedo, era respeto.

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Su carácter se transformó con el paso de los años, y cosas que yo nunca pensé ver que ella hiciera ¡las hizo y las hace! Y no conmigo, ¡sino con mis hijos! Desde dejarse peinar, brincar en su cama o, peor aún, dejar que su impecable cocina se ensucie por ponerse a hornear galletas con ellos.

Hasta cierto punto me da envidia, sobre todo cuando los mal consciente con helado por las noches. Pero de la envidia yo paso a el enojo muy rapido, ya que al querer corregir a mis hijos frente a ella terminó corregida yo. La cara de mis hijos por ir a visitarla no tiene precio, sobre todo por que donde quiera que esté ella tiene buffet. La cocina es su terapia, pasa horas y horas en ella, desde acomodando y limpiando todo a su gusto, hasta cocinando. Pese a que los años no perdonan, mis ojos la siguen viendo tan linda y bella como siempre. Con su cabello recogido y su semblante serio, siempre atenta a escuchar. Ya no mantiene la chancla en la mano. Ahora, con su experiencia corrige, llena de sabiduría, nunca te dará un mal consejo. Sigue con la plegaria hacia el cielo, pidiendo por sus generaciones. Lee mis ojos y sabe lo que calma mi alma. Me consuela con sus abrazos y sus palabras tibias. El saber que cree en mí, me hace sentirme poderosa e invencible.

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Ella es la mujer que más he admirado en mi vida y que a pesar de que nunca obtendrá un reconocimiento por todas sus noches de desvelo atendiendo mis resfriados, o dolores de barriga por haber comido más dulces de los permitidos. Esa mujer a la que olvido decirle a diario que le agradezco con el alma el haberme inculcado buenos valores y educado para ser una persona de bien, a ella hoy yo lo quiero decir ¡Feliz Día de las Madres! Gracias por haber remendado mis uniformes y haberme curado las rodillas raspadas. Ahora de adulta, gracias por prepararme el té mientras me abrazas el alma, y por hacerme creer de nuevo en la humanidad.

Dicen que no se es hijo hasta que no se es padre, y si, creo que tienen razón, puesto que desde estos zapatos se entienden los sacrificios que se hacen de corazón. Madre mía, te amo.

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Espero les guste este tributo por el Día de las Madres, gracias a cada una de ellas por dedicar su vida a sus hijos.

Tags: #Crystal Mariscal #Día de la Madre
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